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Jessica Talbot

Jessica Talbot nació en Nueva Zelanda y es psicóloga pero hace doce años cambió su vida totalmente. En su libro “Picaflor” narra qué fue lo que la hizo dejar atrás lo que tenía y emprender un viaje por Latinoamérica hasta encontrar su hogar en Buenos Aires. Ya pasó un año desde la publicación de su novela y once desde que construyó su nido en la ciudad porteña.

Ella entró al café, recorrió con la mirada el lugar hasta encontrarme, una sonrisa se dibujó en su cara y vino a saludarme con un abrazo. Con acento extranjero pidió un cortado.

¿Alguna vez se le ocurrió la idea de ser escritora?

Un día, cuando tenía 27 años estaba caminando por la calle y me sentía un poco perdida… perdida en la vida. ¿Qué estoy haciendo? No estaba segura de si estaba con la persona correcta, pensaba que ya no quería ser psicóloga y un hombre estaba leyendo palmas en esa misma calle. Yo no creía en ese tipo de cosas pero pensé que cuando uno se siete perdido quiere que alguien le diga por qué camino seguir. Él leyó mi palma y me dijo que iba a ser una escritora. Le respondí – ¿en serio? Yo soy psicóloga- y él me contestó que no veía psicología en mi futuro. Después me quedé pensando porque si él me hubiese dicho decoradora de interiores o cualquier otra cosa podría haberle dicho – ah sí puede ser- pero de todos modos quedó en mi mente.

¿Por qué empezó a escribir?

Comencé a escribir porque estaba escribiendo mails a mi familia sobre todo lo que estaba ocurriéndome emocionalmente y mi madre me decía – esto es muy hermoso, deberías escribir un libro-. Yo no sabía qué hacer. Creía que una historia de un viaje a través de Sudamérica y todas las cosas que me pasaron eran interesantes así que empecé a escribir.
¿Cómo fue el proceso de publicación?

Cuando estaba escribiendo el libro investigué mucho sobre la publicación independiente de libros. Yo quería que el libro estuviera disponible en Argentina, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos y Reino Unido. Si iba a una pequeña editorial de Nueva Zelanda, aunque fuese una muy buena, los derechos de autor quedarían para Nueva Zelanda y Australia. Luego, tal vez, venderían los derechos al resto del mundo. No podía hacer eso porque si no, hubiese dejado a mi libro en un rincón del planeta. Ahí fue cuando pensé en hacerlo yo misma.

Yo hice mucha investigación en internet sobre qué servicios usar. Al final, usé IngramSpark, una gran compañía internacional de servicios de impresión y distribución. Ellos tienen un servicio especial para los publicadores independientes. Es asombroso que mi libro esté disponible en Alemania o en China. Tengo dos ventas en Francia, una en Italia y tres en España. Está impreso por encargo así que cuando llega un pedido solo imprimen una copia; por eso es caro. Uno está pagando el costo de cada libro por separado y no por mil copias que es más barato pero después tenés que venderlas y eso tampoco es sencillo. El ebook también está disponible en todo el mundo.

¿Por qué escribió el libro?

Yo no quería que fuese obvio que estaba contando una historia esperanzadora, pero estaba en el fondo de mi mente que mi historia podría servirle a otros. Así que tiene un inicio, desarrollo y final como un viaje psicológico que va desde la tristeza a encontrarse con uno mismo y soltar el enojo o lo que nos hace mal. Yo quise que esa historia estuviese ahí pero que no fuese tan obvia porque cada uno tiene una historia diferente. Espero que al final del libro, el lector piense en su vida o hable con aquellos con los que necesita hablar. Espero que mi libro ayude a los demás. Es por eso que lo escribí.

En la novela, Talbot recuerda el tiempo en el que trabajó con chicos que vivían en las calles en Trujillo, Perú. Su motivación a hacerlo “fue una combinación de necesitar una razón que justificara irme de mi empleo por tanto tiempo, hacer algo que me significara un desafío, ayudar a los demás y aprender español”.

¿Lo haría de Nuevo?

Creo que una experiencia como esa siempre va a ser buena pero… se puede hacer cerca de casa. Yo podría haber hecho trabajo voluntario en Australia. No tenés que ir a otro país. También creo que hay que ser cuidadoso con el motivo por el cual uno piensa que lo está haciendo. En Perú, por ejemplo, esos chicos estaban tan acostumbrados a voluntarios que llegaban y se iban una y otra vez. Esos chicos no tenían buenas relaciones en sus familias y vivían en las calles. Ellos creaban una relación con vos y luego te ibas. Así podes lastimarlos más de lo que ya estaban. Por eso creo que hay que ser cuidadoso con cómo hacer el trabajo voluntario. Usualmente es sobre uno. Vas porque te sentís perdido o pensás que estás ayudando a otras personas y en realidad no lo hacés. Hay que tener cuidado de que no se vuelva una cosa egoísta. Tal vez hacer algo más tras bambalinas, como ayudar a los psicólogos locales y los asistentes sociales a conectarse con las familias en vez de hacerlo uno mismo.

Ayudarlos a armar un negocio, tener un ingreso por algo que pueden hacer ellos mismos y que puede llegar a ayudar a otros también. No se trata de hacerse amigo de la gente que vive en la calle porque uno se va y ellos pierden a otra persona más en sus vidas. Eso no los ayuda, les hace peor.

Actualmente tiene un blog en donde escribe con otras personas. ¿Cómo inició ese proyecto?

Uno de los consejos de otros escritores es, antes de publicar un libro hacerse un blog, conseguir fans y que la gente se interese en vos. Honestamente yo pensé que no tenía suficientes ideas para escribir algo en un blog todas las semanas, teniendo una familia, trabajo y otras cosas. Así que se me ocurrió que sería lindo invitar a otras personas a compartir sus experiencias de vivir en un país que no fuera en el que habían nacido y qué significa encontrar un lugar al que llamar hogar. Por eso invite a gente a compartir y ayudar a (promocionar) otros libros escribiendo sus historias.

Lanzamiento de Picaflor

¿Cómo consiguió ayuda de la Embajada de Nueva Zelanda para festejar la publicación del libro?

Fui muy suertuda porque ellos necesitaban algo cultural. Terminé lanzándolo en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Congreso. Nunca lo hubiese imaginado. Yo estaba intentando contratar un café u otro lugar… Pero fui a la embajada para preguntarles si me podían ayudar a lanzar el libro, si lo podía hacer ahí, si me podían dar alguna idea. Ellos me dijeron que estaban pensando en hacer un evento para el cual necesitaban algo cultural y que un libro sobre una neozelandesa viviendo en Argentina era bueno. Así que terminé teniendo un asombroso lanzamiento con vino de Nueva Zelanda… y con todo en español, eso fue un poco aterrorizante para mí.

¿Cómo logró que Kel vendiera su libro?

Bueno… yo solo fui ahí. Pensé que si les escribía nada pasaría. Yo ya tenía una relación con ellos porque dirijo clubs literarios en el Centro Cultural Plaza Castelli. Son grupos de lectura en inglés. Ya tenía una relación con el local yendo allá y comprando los libros para el grupo. Yo solo pensé, desde mi experiencia, que el único modo de que las cosas se hagan es que la gente te vea. Si les mandás un mail… a ellos les llegan 100 por día y el tuyo no va a ser visto. Yo ya tenía la invitación para el lanzamiento gracias a la embajada, entonces llevé el libro y la invitación y le dije a la chica detrás del mostrador: por favor, tengo esta fiesta por la publicación de mi libro por la embajada, a ellos les gusta mi libro… a ustedes puede que les guste; y se lo dejé. Sabía que casi nunca distribuyen libros auto publicados porque ellos tienen libros de todo el mundo, de los que más venden, pero luego la chica me dijo que le parecía interesante y que lo leería. Después ella les dijo a sus jefes que tenían que vender mi libro porque era maravilloso y que tenían que ayudarme a distribuir mi libro. Más tarde lo enviaron a la oficina principal, unos meses pasaron y me pidieron cien copias para empezar.

Picaflor

Tras haberse enamorado de un argentino y haberse casado con él, Jessica pudo cumplir su sueño de ser madre. Para ella “es difícil pero es más increíble de lo que había imaginado. Lo amo, no puedo imaginar mi vida sin él. Quise ser madre por tanto tiempo”. Hablando de su hijo de cinco años, retomamos la conversación hacia su otro hijo…

¿Picaflor tendrá un hermano? ¿Habrá una secuela?

No sé… está en suspenso. No creo que sería no ficción, sería una novela de ficción porque las otras son difíciles. Además siento que ya está terminado. Esta historia tiene un comienzo, un desarrollo y un final. Creo que si escribiera otra me estaría forzando a mí misma a escribir otra historia que no necesito escribir.

¿Cómo fue la experiencia de firmar libros en la Feria del Libro?

Fue extraño, raro porque no me siento como una escritora y no estoy acostumbrada a ese tipo de cosas. En la feria, creo que especialmente con los libros en inglés, la gente va con un libro en mente. Así que aun cuando estás sentado en una mesa con un montón de libros de Picaflor, la gente no te ve, solo te pasan por al lado. Fue algo extraño pero genial. Algunas personas se sentaron conmigo y charlamos por un largo rato. Estuve dos horas sentada ahí viendo a la gente pasar y mi esposo y mi pequeño hijo terminaron caminando por todo el lugar. Luego ellos me dijeron que había muchos escritores sentados con la misma expresión en sus caras. Creo que todos teníamos la misma expresión… intentando no asustar a los demás. Fue interesante.

Feria del Libro 2015

Las tazas estaban vacías, mientras Jessica guardaba una galletita para su hijo respondió una última pregunta:

¿Cree que alguna vez va a volver a vivir en Nueva Zelanda o Australia?

No es imposible pero no sé… Soy muy feliz acá. Hice mi nido acá, lo que no significa que no puedo construir otro en otro lugar. Pero sería duro para mi marido. Creo que Argentina es complicada, sobretodo este año. No es un lugar fácil para vivir pero algunas de las cosas que más amo es el modo en el que la gente se reúne todo el tiempo, los asados, las cosas en familia, las amistades. No lo sé… ustedes sí saben cómo disfrutar el momento porque nunca saben qué va a venir. Yo pienso que hay algo mágico que aunque esto me haga gritar y decir este lugar es una locura, me quiero ir… siempre me vuelva a atraer.

Abella María Belén.

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Un pensamiento en ““Ustedes sí saben cómo disfrutar el momento”

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