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La causa judicial que arrastra el caso Cromañón es un intricado camino tanto de idas como de vueltas, con desvíos inexplicables, momentos donde no se puede recurrir al sentido común y otros donde ya no sabes en quién creer.

El caso aún no concluyó, “Callejeros”, banda de rock and roll formada en Villa Celina (integrada por Juancho Carbone en saxo, Delgado Elio en guitarra, Maximiliano Djerfy en segunda guitarra, Patricio Santos Fontanet como cantante, Cristian Torrejón en bajo y Eduardo Vázquez en batería) ya cumplieron parte de la condena que en su 2012 la Cámara Federal de Casación Penal dictó bajo el cargo de “delito culposo”. Sin embargo, en agosto de 2014, la Corte Suprema ordenó que se dicte una nueva resolución, y fue allí cuando los músicos recuperaron su libertad (excepto Eduardo Vásquez, baterista que continúa preso cumpliendo prisión perpetua por el homicidio de su esposa, Wanda Taddei).

Tan solo un año después de recuperar los músicos su libertad, la Cámara Federal dejó firme la condena contra los integrantes de la banda y otros cuatro imputados por el incendio del boliche, ocurrido el 30 de diciembre de 2004, dejando como saldo 194 muertes cientos de heridos. Es el día de hoy, tres meses después que se confirmó la nueva condena que los músicos siguen estando en libertad. Aún quedan cabos sueltos, puntapiés de un proceso cuyo final, si bien está más cerca, no se avizora.

Mi primer recuerdo de la tragedia de República Cromañón, con tan solo once años, fue una placa en un noticiero informando acerca de un incendio en un boliche del barrio de Once, a tan solo cuatro cuadras de casa. Era un jueves 30 de diciembre, un día donde la temperatura arrasaba y la humedad no ayudaba. Pasaban los minutos y cada vez eran más los muertos que figuraban en el noticiero, tantos que durante la noche del 31 no habían certezas sobre la cantidad definitiva de muertos, ni se percibía la magnitud real de lo sucedido.

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Bandera utilizada aquella noche

Poco a poco, palabras como bengala, habilitación, boliches fueron integradas a mi limitado vocabulario. Lo mismo sucedió con los nombres de Omar Chabán, Pato Fontanet, Aníbal Ibarra, y Callejeros que el día de hoy siguen resonando en mi cabeza. Aquello a lo que desde que tengo memoria le tuve miedo, la muerte, la sentí más de cerca: “Más de 194 muertos y unos cientos de heridos se pudieron encontrar en las instalaciones del boliche”, declaraba un policía días después. Entre todas esas personas que dejaron su vida habían once allegados a los músicos: la novia del cantante Patricio Fontanet, la madre del baterista Eduardo Vázquez, la esposa y el manager Diego Argañaraz, cinco familiares del guitarrista Maximiliano Djerfy – su tío, su tía, su ahijada de 15 años, una prima y su novio – y el hermano del percusionista.

Ese 30 de diciembre, el público se iba acercando desde temprano. Se podía observar todo aquello que forma parte del folklore de los recitales. Los vendedores ambulantes vendiendo bebidas por la calle, los puestos de comida ya preparados, y de venta de remeras estampadas con el logo del disco a presentar, de la banda e inclusive del cantante con frases de canciones. “Nosotros llegamos temprano, chequeamos luces y sonido. Una vez que entrabas al local, te tenías que quedar en el camarín. Minutos previos al show hicimos un momento de respiración, como siempre, donde nos quedábamos la banda a solas y nos relajábamos”, contaba Maximiliano Djerfy, en ese momento guitarrista de Callejeros.

Cromañón, o también conocida como República Cromagnon, boliche ubicado en la calle Bartolomé Mitre al 3060, en el barrio de Once de la ciudad de Buenos Aires habilitado en 1997, otra de las famosas creaciones de Omar Chabán. El lugar se encontraba habilitado para ese tipo de recitales, pero tan solo con una capacidad de hasta 1031 personas. Detalle a tener en cuenta, ya que en la causa judicial aseguran que esa noche ingresaron al menos 4500, ya que se habían vendido las 3500 entradas y se calculó la existencia de 1000 personas que ingresaron sin la misma, entre esas 300 que estaban invitadas por la banda. “Llegué un poco sobre la hora, no tenía entrada, pero igual quería intentar entrar. Me encantaba callejeros. Me encontré con un conocido mío, me señalo a un hombre que se encontraba próximo a la puerta, me comentó que era amigo del dueño Omar Chabán y que tal vez me podía hacer pasar. Fui, le entregué diez pesos y me hizo pasar. No tuve que hacer la fila, no me revisaron ni a mi ni a unos más que pasaron delante mío”, recuerda Juan Bazan, sobreviviente.

Teniendo en cuenta el antecedente sucedido cinco días antes en un recital de “La 25”, donde, según Mariano Lescano, líder de la banda, contó que se había incendiado la media sombra que cubría el techo, no se tomaron precauciones previas para lo que sería un recital tan masivo: “Una de las candelas llegó a tocar la tela que cubría todo el techo. Tuvimos que parar el recital y apagamos el fuego con mangueras y matafuegos, y después seguimos tocando”, dijo al declarar como testigo ante el Tribunal Oral Criminal 24 que hoy en día luego de diez años aún lleva adelante el juicio de la causa. Era común, y de esperarse que en un show tan masivo la seguridad se iba a duplicar, es por esto que el día del evento la revisación fue más exigente que otras veces: “Revisábamos como usualmente lo hacíamos, pero tratábamos de verificar que no se nos pase nada de largo. Como en todos los boliches, tanteábamos la cintura, los brazos y las piernas, también les hacíamos sacarse las zapatillas”, cuenta Juan Ledezma, empleado de seguridad del boliche, quién perdió a su mujer e hija en el suceso. Por otro lado, según lo que contaba Omar Chabán, en una entrevista, ese día se aseguró de que todo marchará bien para poder ir al local a dar comienzo al show: “Llamé al encargado del lugar y me dijo que la gente estaba ingresando correctamente. Estaba todo bien organizado, contábamos con treinta personas de seguridad, de las cuales cinco eran mujeres. Antes de que tocarán, subí y le empecé a decir a la gente que era fin de año, que teníamos ganas de festejarlo todos juntos y que no tirarán bengalas”.

Para rematar, las salidas de emergencia presentaban grandes irregularidades, lo que claramente dificultó la evacuación una vez que comenzó el grave incendio a raíz de que una persona del publico encendiera, pese a explícitos y repetidos pedidos de los músicos y dueño, un elemento de pirotecnia, cuyos proyectiles incandescentes impactaron en una media sombra que estaba recubierta por planchas de poliuretano.

Momento en el que se desató la tragedia

Daniela, quién se encontraba cerca del escenario, recuerda que cuando comenzó a tocar la banda soporte “Ojos Locos”, ya habían encendido un par de bengalas, pero Chabán subió al escenario y pidió por favor que no arruinaran lo que sería una gran noche. Ya cuando Callejeros había empezado a tocar, sucedió lo mismo, pero ya era tarde, miró hacía arriba y vio unas chispas, luego estas se convirtieron en fuego y después todo se volvió negro. “Se escuchaban muchos gritos, y todos estaban desesperados. Mientras buscaba la salida de emergencia, sentía que cada vez habían menos gritos, menos personas. No era porque los estaban salvando, era porque estaban agonizando entre nuestras piernas”, cuenta.

“Se suponía que se iba a vivir una noche de fiesta, como siempre que íbamos a verlos. Me acuerdo que cuando subió mi hijo, lo primero que hizo fue mirar y saludarnos con una sonrisa que no me olvido más”, contaba Jorge Djerfy, ubicado en el sector vip con ocho familiares más del guitarrista de la banda, lugar más peligroso visto desde el punto de vista que estaban ubicados a pocos metros de la tela que se incendió.

Al sonar los primeros acordes, la multitud enloqueció, y con ellos las bengalas comenzaron a encenderse: “Empezamos a tocar el primer tema, y al minuto o minuto y medio tuvimos que frenar porque, por lo menos lo que yo vi fue que un chico apuntaba al techo con una candela”, recuerda Maximiliano Djerfy. “Los pedazos de tela caían al piso, y fue cuestión de segundos que la luz se cortara. No se como hice, salí a la calle y me puse frente al local. Estaba todo cerrado, y podías ver como había una puertita abierta de las que acostumbras a ver en un almacén, de ese tamaño y por ahí salía la gente”, agrega.

“Una vez afuera, y viendo lo que sucedía con la puerta de seguridad empecé a pedir por la llave del portón. Podías escuchar golpes de la gente que quería salir. Me quedé ahí intentando ayudar a los pibes, por la grieta de los portones se veían los dedos de los chicos que empujaban desde adentro, hasta que no se sintió más nada. Fue que decidí volver a entrar al local, no hacías dos pasos y te agarraban las piernas y los gritos de auxilio eran increíbles. Habré arrastrado unas veinte personas hasta la puerta y los dejaba ahí y volvía a entrar”, recuerda el ex-guitarrista de la banda. “En una de las ocasiones que entro, veo a mi viejo bajo la escalera. Fue como que una luz le iluminó la cara, corrí y lo empecé a arrastrar. Logré sacarlo y meterlo en una ambulancia, me quede más tranquilo porque por lo menos lo estaban tratando. Habían muchas personas en la plaza, entre esas, veo a mi primo haciéndole respiración boca a boca a mi tío, pero ya era tarde. Fue ahí cuando caí que se estaba muriendo gente, se estaba muriendo mi familia, habían nueve personas de mi entorno ahí adentro. Cuando veo que mi primo empieza a golpear las paredes, lo quiero calmar y ahí descubro a mi ahijada de quince años en otra fila de muertos”, agrega Djerfy.

“Una de las puertas de seguridad que teníamos conectaba con el hotel de al lado, pero esa noche estaba cerrada porque a los huéspedes les molestaba mucho el ingreso del público al mismo. Pudimos abrirla recién pasado nueve minutos del comienzo del incendio, debido al humo tóxico no podíamos ver nada y demoramos bastante. La policía entraba al local sin ninguna máscara, una locura, al igual que muchos chicos que entraban a sacar gente. Habían muchos menores, pero no era ningún delito. En el mundo del rock en Argentina era y sigue siendo algo muy común, no estaba prohibido que si un padre iba con su hijo podía ingresar al local. Al ser una fecha tan importante, la banda invitó un montón de familiares”, contaba Omar Chaban. “Yo apenas salí me fui a mi casa, quedaba a quince cuadras de donde transcurría todo. Era como que iba caminando contra una corriente de gente en hora pico por Avenida Corrientes. Llegué a mi casa donde estaba incomunicado, no tenía ni radio ni televisión, fue ahí que me acosté en el piso y me quede mirando el techo rememorando constantemente lo que había pasado. Estaba paralizado, sin poder moverme y viviendo ese vacío del horror que no se puede explicar con palabras ni nada” agregaba en una entrevista.

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El hollín en los rostros de los jóvenes al salir del boliche

Los medios no tardaron en llegar: “Veías a los chicos y chicas que parecían que tenían bigotes, pero era el hollín que con la transpiración que se les había pegado al cuerpo. Se robaban los tubos de aire de las ambulancias sin saber como usarlos pero con la esperanza de darle aire a sus amigos o a los chicos que necesitaban”, comenta Gustavo Castaing de Diario Clarin.

“Cuando logré salir, me senté en la vereda tratando de reflexionar de lo que había ocurrido. Pensé en irme a mi casa y me di cuenta que no tenía zapatillas. Un chico me tiro un par y arranqué a caminar. Una señora muy hospitalaria nos dio agua, y cuando tomé un trago se ve que tenía tanto humo dentro de mi cuerpo que escupía todo negro. Cuando logré llegar a casa mi madre estaba completamente desvanecida, prendimos la televisión y vimos el resultado incipiente que cada vez era peor. Eso solo fue el comienzo de algo muy heavy, un proceso psicológico que lo arrastro hasta el día de hoy y algunas cosas las voy a arrastrar hasta el día de mi muerte”, confiesa Santiago Aysine – hoy en día cantante de “Salta la banca” – al respecto de su situación.

Meses antes de morir, Omar Chabán, dueño del boliche, admitió su responsabilidad pero también apuntó hacía Callejeros. Hizo fuertes declaraciones a la revista Rolling Stone desde la habitación del Santojanni donde estaba internado y cumpliendo arresto domiciliario debido al linfoma de Hodgkin que padecía y causa por la cual falleció el pasado noviembre del 2014: “El público es responsable con nosotros. Claro que no penalmente, pero sí a nivel social. Salir a la calle me da miedo, toda la angustia que sentía por los muertos de Cromañon la fui desplazando de a poco con todo lo que hice sufrir a mi madre, hermanos y sobrinos” finalizó.

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Uno de los aniversarios de la tragedia, donde familiares piden justicia.

Cada 30 de diciembre, cientos de argentinos concurren a la plaza cercana a la ex discoteca, hoy convertida en un santuario donde se recuerda la muerte de 194 personas mediante fotos, recuerdos y calzados. Solo basta tomarse unos pocos minutos y sentarse frente al lugar, donde hicieron una especie de peatonal para que la gente no obstruya el paso de la gran cantidad de autos y colectivos que pasan por la calle Bartolomé Mitre, para sentir la energía y un sinfín de emociones.

Es algo común ver como se monta el escenario al aire libre donde bandas como “Salta la banca”, “La perra que los pario”, “La Beriso”, tocan para defender a sus colegas. Son padres, hermanos, primos que se acercan con carteles reclamando justicia, porque creen que tiene que existir una. “Los músicos no son los culpables, ellos no organizaron nada. Viene de más arriba, Omar Chabán murió y no podemos hacer nada con eso. Pero, ¿Anibal Ibarra?” se pregunta Lucio Ponce, que asistió el día del recital y que hoy en día toca en una banda homenaje a Callejeros, también sigue a “Don Osvado”, la nueva banda de Pato Fontanet a todos lados donde toquen.

“Cada día agradezco estar con vida”, asegura Daniela Rosana Delgado, sobreviviente de la tragedia. “Ya son diez los años que pasaron luego de ese 30 de diciembre, cuando Callejeros salió al escenario y Pato Fontanet tenía una sonrisa tan grande como la nuestra de compartir un momento así. No solo a él le quitaron la sonrisa, a mi y a miles de personas más también”, agrega. Por otro lado Maximiliano Djerfy cuenta que “saboreó a diario lo que sucedió, es un sabor amargo. Lo tenes y por más que hagas canciones, les cantes a quienes ya no están, les escribas, trates de reír o llorar, que tomes alcohol, va a estar acompañándote hasta el último día de tu vida”.

Han pasado casi once años desde entonces. Muchos padres de víctimas han muerto,otros aún no se recuperan del dolor y luchan por buscar al culpable de todo lo sucedido ese 30 de diciembre, otros tantos decidieron seguir adelante. Son muchos los sobrevivientes que pudieron rehacer sus vidas, estudiar y trabajar de lo que siempre quisieron y también formar una familia. Callejeros se disolvió, pero sus integrantes han formado otras bandas. Diego Argañaraz, manager de la banda, recientemente terminó con su condena. Y Omár Chabán, dueño del boliche, murió por un linfoma de Hodgkin, un cancer que afecta los ganglios. La rueda del mundo sigue su marcha, pero la justicia ¿llegó?¿llegará?.

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