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El dispositivo móvil y las redes sociales están cumpliendo un rol muy importante en la vida de los jóvenes. Por un lado, funcionan adecuadamente como medio de comunicación y como vía de acceso a información pero el uso excesivo del celular está causando serios problemas sociales y académicos debidos a la dependencia que se genera entre los jóvenes y el dispositivo. Estudios realizados por el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA) muestran en alza el nivel de “adicción” o uso compulsivo de los smartphones y sus aplicaciones en preferencia. Se calcula en 176 millones los usuarios con este estilo de conducta.

¿Qué es la adicción al dispositivo móvil?

A diario, se envían millones de mensajes en el mundo entero, por todos los lugares oímos sonidos de timbres y melodías de forma constante y, casi en cualquier lugar: restaurantes, la cola del supermercado, el colegio, el parque, el colectivo, el subte, vemos muchas personas enganchadas a su fiel dispositivo para poder estar continuamente conectadas.

De la misma forma que se produce en otro tipo de adicciones, el uso del celular se convierte en adicción cuando pasa a ser una conducta repetitiva y que nos produce placer. Se ha venido a llamar “Telefonitis”  y es un impulso que no se puede controlar de usar el teléfono una y otra vez durante el día o la noche.

Por primera vez, se empieza a hablar de que las nuevas tecnologías han pasado a formar parte de las denominadas adicciones psicológicas o adicciones sin drogas.

Según los expertos, la adicción al móvil la sufren 1 de cada 1.000 personas que utilizan el móvil, y dicen que está afectando principalmente a jóvenes y adolescentes. Es por esta razón, por la que es importante que, todos y cada uno de nosotros, conozca qué es esto de la adicción al móvil.

A diferencia de otras adicciones, como el alcoholismo o la adicción al juego, la edad en la que comienza es muy baja, desde los once o doce años, pues es muy fácil el tener un celular, ya existen incluso algunos especialmente diseñados para los más chicos, y además los padres se sienten seguros de que su hijo/a tenga un dispositivo para poder llamar ante cualquier urgencia.

Por tanto, no se trata de un problema de tomar una sustancia, como puede ser la droga, sino que el problema es la conducta.
Una conducta irreprimible, incontrolable y exagerada que hace que dejemos otras actividades, como pueden ser la lectura, la conversación con nuestra familia, nuestros amigos, vecinos, etcétera.

Para que una persona se haga adicta, solo basta con que sea una persona que tenga problemas afectivos, con dificultades para hablar con los demás, o que esté en una época difícil de su vida, como es el caso de la adolescencia en la que se es especialmente vulnerable a los múltiples reclamos que invaden la publicidad y que, en muchas ocasiones, no son verdad, como por ejemplo, que es moda adelgazar, atarse a los videojuegos, comprar productos y productos sin fin y, ¡cómo no! tener cuanto antes el último modelo de celular.

Todo ello hará que un gran número de personas caigan víctimas de la dependencia móvil y, por tanto se convertirá en adicto. Luego, la adicción hará que la persona se desvíe de su entorno familiar, de sus amigos, llegando a un gran sufrimiento emocional.

Frente a las personas que utilizan de una forma adecuada el móvil, en las personas con adicción vamos a poder ver cómo están de forma continua “vigilando” el aparatito, esperando siempre cualquier señal que venga de su aparato; cada muy poco tiempo, de forma compulsiva e incontrolada, consultando el móvil,  aunque esté haciendo otra cosa.

Otros estudios recientes han demostrado que personas “adictas” que dejan de usar sus móviles, tienen como consecuencia lo que se puede llamar el “Síndrome de abstinencia psicológica y física”.

Este síndrome tiene síntomas como una gran angustia, ansiedad, nerviosismo e irritabilidad. Y todo ello desaparece cuando, de nuevo, tienen oportunidad de usar su móvil.

Diariamente pueden observarse grupos de amigos paseando juntos, pero cada uno hablando a través de su celular o enviando un mensaje a una velocidad de vértigo.

Algunos afirman “dedicar todo su tiempo libre” a manejar el móvil. Es muy usual encontrar a adolescentes y niños “tecleando” durante minutos y minutos, jugando a algún videojuego, comunicándose con desconocidos, o tomando fotos y vídeos para luego subirlos a Internet. También es muy frecuente verlos usando el móvil a toda hora: en casa, en el aula, entre clase y clase, con los amigos. No se pueden separar del dispositivo. Consideran que sin el móvil no podrían tener amigos. Lo relacionan con “ser más importantes”. Creen “obligatorio” su uso. Toman fotos constantemente. Se intercambian vídeos a todas horas. Mandan mensajes y escuchan música durante todo su tiempo libre. No pueden pasar cinco minutos sin verificar si les llegó algún mensaje nuevo.

Respecto al tema, la licenciada en Psicología Marisa Ayala expresa que la tecnología aporta a la vida de la gente en la medida que ésta esté en función de los intereses personales y no a la inversa. “No hay diferencia entre leer un libro en Internet que hacerlo de la manera tradicional. El problema se plantea cuando algo que es creado para funcionar como instrumento deja de serlo y las personas  se convierten en instrumento de la gran producción tecnológica”.

Además, agrega: “El exceso de información o la disponibilidad permanente de estar “conectado” hace perder la posibilidad de ese tiempo esencial  para que aparezca la subjetividad de cada uno y la selección de intereses que no pueden estar colmados permanentemente”.

Por otro lado, esa disponibilidad de llenar cualquier vacío existencial aliena al ser humano perdiendo así esa franja temporoespacial libre que permite dar curso al despliegue de la imaginación y búsqueda de los diferentes medios para el logro o la concreción de cuestiones que hagan lazo con los otros.

“El abuso de tecnología aleja a cada persona del encuentro real con otros y la sumerge en un mundo de ensoñación donde todo parece encajar”.

El entorno de el que padece la adicción debe estimular otros intereses y acompañar en el proceso.

Es cada vez más notable cómo aumentaron las aplicaciones (apps) para los celulares, las tablets o laptops. Sin duda la gran mayoría nos ofrecen soluciones para nuestra vida diaria y nuevas formas de mantenernos comunicados en un mundo tan caótico como en el que vivimos.

Es que los chats grupales, las redes sociales o las apps propias del equipo nos mantienen “entretenidos”. Al punto que no imaginamos nuestra vida sin ellos.

En concordancia, María Cecila Palozzo, del staff de CEETA indica: “El problema se nos plantea cuando la línea entre ‘uso’ y ‘abuso’ se torna delgada e imperceptible a tal punto que más que soluciones nos trae serios problemas. Pareciera que cuanto más liberados nos sentimos por poder llevarnos “todo” (trabajo, juegos, contactos, redes sociales, etc.) dentro de un pequeño teléfono, más esclavos y rehenes quedamos, sujetos a su uso. El uso de las mismas llegan a suponer hasta un 86% del tiempo de ocupación”.

“Actualmente existe un diagnóstico popular llamado “fomo” (fear of missing out) o “temor a quedar desconectado” o “fuera de circulación” en las redes sociales, que suele afectar más a prepúberes y a mujeres. Se asocia con trastornos de ansiedad generalizada y fobia social -explica la licenciada Gabriela Martínez Castro, directora del CEETA-. Los adolescentes todavía no tienen una identidad formada, sino una identidad de grupo. Son en la medida en que pertenecen a un grupo como Facebook, Twitter, Instagram. A las mujeres también las afecta porque son multitasking, tienen muchos roles: laboral, familiar, social, académico”.

En tanto, Palozzo destaca que “es importante aprender a utilizar la tecnología correctamente para que sea ella quien esté a nuestro servicio y no al revés”.

¿Cuándo empezar a preocuparse?

Cuando la ansiedad comienza a ser marcada, definida, persistente, generando una necesidad urgente por tener que re-chequear el celular una y otra vez en cortos períodos de tiempo, o utilizar una determinada aplicación, como ser un juego. Cuando sentimos que el uso del smartphone, regla el funcionamiento de nuestra vida a tal punto de traernos problemas a nivel laboral, socioafectivos como también sobre nuestra salud. Por ejemplo restar horas al descanso sobre todo de noche por estar conectados, no realizar actividad física por pensar que “no tenemos tiempo” para ello, etc. También al sentir malestar intenso, angustia e irritabilidad si no se logra conectar o acceder a la app deseada o se corta la conexión y cuando comienzan a generarse ciertos problemas de salud como irritabilidad en los ojos, problemas asociados a la mala postura como contracturas severas, dolor de espalda y dolor de cabeza.

En los últimos años, la evolución de la tecnología ha dado pasos agigantados, lo cual ha llevado a las personas a nuevas formas de vida y a prescindir de ella. El uso de la telefonía celular, surge como un medio para facilitar la comunicación entre personas que se encuentran en diferentes lugares, pero con el paso del tiempo se han presentado nuevos usos tales como las redes sociales. Esta tecnología con sus avances, causa en los usuarios una dependencia considerable, lo cual ha hecho que estos sufran cambios, en el entorno social y académico, por el uso inadecuado de este medio de comunicación, que día a día avanza más, ofreciéndole a sus usuarios no solo poderse comunicar con facilidad, sino también entretenimiento.

La aparición de nuevas tecnologías, genera cambios en el comportamiento de los seres humanos, y el caso de la telefonía móvil no es la excepción, ya que ha evolucionado enormemente haciendo que los usuarios principalmente adolescentes dependan de este medio de comunicación.

Además, la telefonía móvil ha tenido un gran avance tecnológico en los últimos años, por el hecho de ofrecer a sus usuarios teléfonos “inteligentes” que van más allá de comunicarse con facilidad, ya que actualmente, aparte de esto los usuarios tienen acceso a muchas otras funciones como las redes sociales, cámara fotográfica, televisión en tiempo real, videos, archivos de música, son tantas las funciones para lo cual están hechos hoy día los teléfonos celulares que para los jóvenes es como una prenda de vestir que no puede faltarles.

El uso de los mismos no solo crea cambios en su conducta y dependencia, sino que también afecta en sus relaciones sociales, con la familia, amigos, tomando en cuenta que cada vez son más los que prefieren pasar tiempo con el teléfono celular, haciendo uso de sus diversas funciones, al punto que en muchos casos olvidan el entorno que los rodea.

La dependencia hacia el dispositivo móvil, también ha venido a afectar en los últimos años notablemente en las aulas de secundarios, ya que tal parece que los jóvenes no dan uso adecuado al celular, y hacen uso del mismo sin importarles la situación en las que se encuentran.

Comunicarse es un proceso vital para el desarrollo individual y de la sociedad. La tecnología del siglo XXI ha avanzado de manera exorbitante en las últimas décadas. Por la explosión del lanzamiento de nuevos equipos de telefonía móvil ha incrementado la adicción por conocer y utilizar los mismos. Esta dependencia tecnológica tiene largo alcance, principalmente en los adolescentes que se están formando con la llamada “cultura de los teléfonos inteligentes”, mencionados anteriormente. De allí se desprende la necesidad de hacer investigaciones acerca de cómo influye el uso de estos celulares en el comportamiento de los jóvenes y las consecuencias negativas que se desprenden del exceso o la exagerada utilización de estos y los indicios de un posible adicto a las redes.

El teléfono celular surge en primera instancia como un medio para resolver la necesidad básica de la comunicación a distancia de una manera práctica que permitiera la movilidad del instrumento. Sin embargo, en nuestros días el celular se ha transformado en un objeto personal, y más aún, un accesorio de moda. Además de la comunicación telefónica el celular ofrece a su propietario una amplia gama de propuestas y servicios tendientes a satisfacer diferentes tipos de ansiedades. En este contexto, la creciente demanda dentro de la población y la gran cantidad de servicios móviles que proponen las empresas que proveen los servicios conducen a crear una nueva identidad personal de los usuarios. El teléfono es además de un instrumento de comunicación, un objeto de entretenimiento; todo ello en el marco de los últimos adelantos tecnológicos.

Los adolescentes, grandes protagonistas

Una población especialmente afectada por esta adicción es la de los adolescentes. La idea de “ocio y tiempo libre” parece ir ligada al teléfono celular y parece impensable que un adolescente no disponga de este objeto.

La adolescencia es un gran momento de cambios donde comienzan a surgir muchas dudas: ¿Quién soy? ¿Qué voy a ser cuando sea grande? ¿Por qué me pasan todos estos cambios físicos? ¿Por qué me parece que mis padres a veces no me entienden?. Es una época en la que los puntos de referencia cambian, es muy normal que se empiece a producir distanciamiento y falta de comunicación con los padres: “…ya no voy a papá a pedir ayuda, mejor se la pido a mi amigo que sabe más…” y cuando tienen una duda, posiblemente no se elija la mejor fuente de información para aclararla.

Toda esta confusión en este momento de la vida de cada uno de nosotros, hace que los adolescentes sean el objetivo de las grandes empresas de publicidad para intentar convencerlos de todos sus mensajes. Algunos son buenos, pero otros muchos solo responden a sus propios intereses económicos.

Hablando singularmente del teléfono celular se han hallado ciertos factores claves de cambio en las relaciones sociales de los jóvenes tal y como se menciona seguidamente.

El sociólogo Salvador Cardús señala que “mientras se habla mucho de la incidencia de la música rock o la televisión” en los jóvenes, “no se ve” la importancia del teléfono móvil como estimulador de sus relaciones sociales. Esta faceta socializante de la telefonía móvil puede llegar a tener “efectos terapéuticos” en jóvenes con “personalidad introvertida o inhibida” según Gustavo Levit, coordinador de la unidad de adolescentes del Centro Médico Teknon. Sin embargo, este aspecto positivo tiene su reverso en el peligro a la “móvil adicción”.

El doctor Levit explica que se han dado casos de chicos de 17 y 18 años que han “vendido la moto y hasta la ropa para comprarse el modelo más caro de celular”.

Uno de los aspectos más polémicos de la difusión de estos teléfonos entre los jóvenes, mencionado anteriormente, es el problema de disciplina en los centros de estudio, donde muchos adolescentes mantienen el dispositivo conectado durante las clases. Albert Antúnez, jefe de estudios del Instituto Jaume Balmes de Barcelona, señala la importancia de que “los padres enseñen a hacer un buen uso” de unos aparatos que “en sí mismos no son malos”.

En este sentido, el sociólogo Salvador Cardús, echa en falta un “pequeño decálogo moral” de uso de los teléfonos celulares que los padres deben enseñar a los adolescentes, “de igual manera que se dan unas instrucciones de encendido y apagado”.

Las operadoras y los fabricantes de teléfonos son conscientes de la importancia de los jóvenes como posibles clientes y esto se refleja en las campañas publicitarias y en los productos que salen al mercado, en la mayor parte de los casos subvencionados por las compañías telefónicas para abaratar el precio de venta.

Efectos de la adicción al teléfono móvil

-Aislamiento de los demás y soledad
-Comportamiento alterado
-Alteraciones del estado de ánimo
-Comportamiento compulsivo
-Problemas de comunicación
-Problemas con el lenguaje, ya que no nos detenemos a escribir bien, sino que lo importante es la rapidez
-Peligro de hacer contactos no demasiado buenos como quedar con desconocidos, que pueden traer consecuencias negativas.
-El comportamiento adictivo hace ser muy sensible a los juicios y valoraciones de los demás y acrecienta los sentimientos de inseguridad
-Se puede llegar al fracaso escolar o la agresividad.

En los casos más graves, se puede llegar a robar y a mentir con tal de tener un teléfono móvil porque la adicción es capaz de anular todo nuestro control como personas.

En algunos chicos/as se produce también absentismo escolar o no respetan los horarios de estudio, pasan horas chateando en lugar de relacionarse con otros jóvenes de su edad.

Cambios físicos a partir del uso del teléfono móvil

La utilización constante de los teléfonos celulares ha propiciado una nueva generación de seres humanos que son particularmente hábiles para utilizar sus dedos pulgares. Esto de acuerdo a un estudio realizado por la británica Sadie Plant, directora de la Unidad de Investigación de cultura cibernética en la Universidad de Warwick, quien, según publicó el diario canadiense Le Devoir, analizó durante seis meses los hábitos de jóvenes en ocho grandes ciudades del mundo, en quienes comprobó una capacidad particular para escribir una gran cantidad de palabras por minuto sin siquiera necesitar ver la pantalla.

Estos jóvenes son conocidos en Japón como los « oyayubi sedai », lo que podría traducirse como « la generación de los pulgares ». De acuerdo con las observaciones de Plant, quien analizó la situación en Londres, Pekín, Chicago y Tokio, entre otras ciudades, los pulgares de estos jóvenes son más musculosos y fuertes tanto por el uso de celulares como de juegos de video y los chicos utilizan instintivamente estos dedos, en forma ambidextra, para realizar actividades en las que sus padres, por ejemplo, usan el dedo índice. La transformación no es sólo física: existe también una dependencia hacia el aparato telefónico, “en ciertos casos la tecnología se ha convertido en una segunda naturaleza, una segunda piel. Esta es la primera vez que tenemos una tecnología que puede ser fácilmente transportada con nosotros. Es por esto que las personas se sienten completamente perdidas, desestabilizadas cuando pierden su teléfono (celular). Sienten como si hubieran perdido una parte de sí mismas”, declaró la investigadora.

De acuerdo con Plant, existen incluso compañías en Japón, país particularmente sensible al uso de la tecnología celular, que han comenzado a observar la transformación de las manos para adaptar sus nuevos productos. La científica considera que esta transformación será común en todos los países en un lapso no mayor a diez años.

Además, trata la idea de que el cambio que ha producido la expansión masiva de la telefonía celular se ha generado no solamente en el ámbito social sino también en el fisiológico, aunque no de manera separada, ya que uno ha llevado al otro, es decir, que acá podemos observar un cambio social que es el uso indiscriminado del celular para enviar mensajes, el cual ha llevado a las nuevas generaciones, entre las cuales esta actividad es más popular, a desarrollar nuevas características físicas que en la historia de la tecnología se han observado como procesos evolutivos en cierta manera, tal como sucedió con los cambios físicos experimentados a partir de la invención de las herramientas de piedra, o del propio surgimiento del automóvil, por mencionar algunos, pero que en el caso del teléfono móvil se ha dado de una manera un tanto más acelerada.

Un 12 % de los jóvenes entre 14 y 21 años abusa del móvil o de Internet, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Estos menores hacen un uso de las nuevas tecnologías más intensivo de lo normal, en detrimento de otras tareas como estudiar, salir, entre otras. Si persiste este abuso podrían convertirse en adictos. Éstos se caracterizan por hacer un uso permanente de estos dispositivos con la consiguiente pérdida de control, al igual que ocurre con otras adicciones comportamentales como mencionamos al comienzo de dicha investigación. Uno de los casos más conocidos es el del joven de León que anunció su suicidio en la red después de jugar catorce horas seguidas por Internet.

En este mundo en el que la mercancía se ha vuelto una exigencia para la gente, los jóvenes debemos tener el trabajo de pensar cómo hacer uso de lo que se nos ofrece sin convertirnos en un producto más.

Saez Reynoso Cloé

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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