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El domingo pasado mientras se disputaba la final de la Copa Libertadores de América entre el Club Atlético River Plate (CARP) y el Club Atlético de Boca Juniors (CABJ) en Madrid, una niña de 10 años fallecía en un taller clandestino en el barrio porteño de Mataderos.

Mariana Ramos, una niña de nacionalidad boliviana, murió en el taller clandestino donde vivía en Cañada de Gómez entre las intersecciones de Cosqín y San Pedro producto de un incendio del cual aún no se conoce la causa. El taller que funcionaba a su vez como vivienda, no estaba denunciado frente a ningún organismo estatal como la Agencias a Gubernamental de Control (AGC) ni en la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX) como tampoco en la ONG de La Alameda.

Otro ejemplo que da cuenta de la existencia de estos talleres ilegales sucedió el 23 de noviembre cuando se rescataron a 16 victimas de nacionalidad argentina y boliviana entre los cuales se encontraron dos menores de edad.

La Alameda es una organización, nacida en el año 2001 como respuesta a la crisis socio-económica de ese momento y localizada en el barrio de Parque Avellaneda, se especializa en tratar asuntos referidos a la explotación tanto sexual como laboral, así como también a cuestiones de narcotráfico, corrupción  y lavado de dinero. Según la página oficial de la fundación, en lo que respecta al trabajo esclavo dentro de la industria  textiles se denunciaron un total de 113 marcas de ropa en 2012.

Para comprender a que se refiere cuando se habla de talleres clandestinos, Olga Cruz, actual presidente de la Cooperativa 20 de diciembre de La Alameda donde a diario reciben inmigrantes en su comedor comunitario, los caracterizó y describió por haber trabajado en uno de ellos en el año 2001. También relató la manera en que llegó al país y los procedimientos necesarios para radicarse en Argentina. Hace 20 años, al momento de viajar desde Bolivia, su país de origen, por falta de trabajo no lo pensó dos veces cuando conocidos y parientes suyos le comentaron que se trabajaba bien y se pagaba en dólares. Al soñar con encontrar una buena oportunidad laboral que permitiera un mejor estilo de vida para su familia, se dispuso a hacer los trámites correspondientes para su traslado que consistió en invertir dinero en la  falsificación de los documentos de su familia, y por consiguiente, en endeudarse. En el país, ella se encontró con su primo quien poseía un taller en el barrio de Parque Avellaneda. Allí la inmigrante se encontró en un galpón con las incorrectas instalaciones de electricidad donde tenia que vivir con su familia y varios de sus congéneres. En condiciones insalubres y de hacinamiento tenía que trabajar tanto en la limpieza, la cocina y luego con máquinas textiles confeccionando prendas de vestir para grandes marcas de ropa.  “Nos pagaban en ese momento 5 centavos por prenda, el más caro 10 centavos”, diría más tarde Cruz respecto a su salario. Es decir que el volumen de prendas elaboradas no tenía equivalencia con el sueldo que se ganaba. Si bien en reiteradas ocasiones Cruz pensó en regresar a su país de origen porque entendía que era extranjera, se vio imposibilitada por la deuda económica que tenía y porque no poseía de sus documentos.De esta manera, indocumentada y privada de su libertad, ella se sintió sin escapatoria de esta situación. “Si vos salías o intentabas salir te decían que la policía te iba a agarrar, que eras indocumentada” y agregó que debido a las constantes amenazas si veía un patrullero se daba la vuelta a la manzana en un intento por no ser deportada.

Entonces dentro de la fabricación  textil el fenómeno de la confección en serie de prendas a bajo costo, impulsa al sistema a explotar a los trabajadores evitando contratos genuinos  en condiciones dignas de labor. Este sistema recluta a sus connacionales en el país de origen provocando el traslado a otro país bajo falsas promesas y fomentando  el desarraigo y la lejanía de sus lazos socio-culturales con el sueño de buscar alternativas para salir de la pobreza inicial.

taller

De esta manera, unas 30.000 personas de nacionalidad boliviana y peruana se ven forzadas a trabajar tanto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como en la Provincia de Buenos Aires según la organización no gubernamental de La Alameda.

Los talleres clandestinos están estrechamente vinculados con el concepto de “trata de personas” de las Naciones Unidas (ONU). En su Protocolo de Trata de Personas la define como “la captación, el transporte, el traslado, la acogida, o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación”.

Dentro de la definición del organismo internacional existen dos conceptos que es necesario remarcar cuando el extranjero llega a la Argentina: “vulnerabilidad” y “engaño”. Estos términos son contemplados por Gustavo Vera, ex legislador porteño y titular de la Fundación Alameda, en el compilado Del Tercer Congreso de la Red Nacional Antimafia realizado en el 2015. El ex diputado en el capítulo titulado “El fenómeno sistémico de la trata de personas con fines de explotación laboral. El ejemplo en la industria textil y las medidas básicas y urgentes que permitirían combatirlo” ejemplifica las situaciones de los inmigrantes y los medios usados para este fin económico. En primer lugar, en países como Bolivia o Perú existían “agencias de empleo” que ofrecían oportunidades en el mercado laboral argentino, razón por la cual los inmigrantes llegaban en “extrema desesperación”. En segundo lugar, “se les ofrecía pasaje para viajar, comida y pago en dólares para ayudar a su familia de origen” y agregó que, en cambio, “se encontraban con la indignidad” donde no se les pagaban. Esto se lo conoce según las Naciones Unidas como “servidumbre de deuda” quiere decir que los inmigrantes eran endeudados por sus connacionales al ser trasladados a Argentina con el objetivo de “condicionarte e imponerte condiciones laborales que son de esclavitud”.

¿Por qué  es factible la existencia de talleres clandestinos dentro de la industria textil? El economista y ejecutivo de la Sociedad Internacional para el Desarrollo Ariel Lieutier propone responder a este interrogante por medio un detallado circuito productivo en su libro inédito “Talleres clandestinos en la Argentina, una mirada económica”. “En primer lugar se obtienen las materias primas principales en el sector primario. Posteriormente, la industria textil procesa la materia prima mediante la fabricación de hilados, la producción de tejidos y el acabado de telas. Este eslabón es el más intensivo en capital, y es el tecnológicamente más avanzado. Luego, las telas son transformadas en un segmento inferior donde se lleva a cabo la confección de la indumentaria propiamente dicha y para después ingresar en el circuito de comercialización”, explica en la investigación. En una manera aún más sencilla de explicarlo, La Fundación El Otro expone que, tanto a nivel local como internacional, las pequeñas, medianas y grandes empresas textiles sustentan su producción tercerizándola a talleristas intermediarios quienes dan lugar a los espacios donde se confeccionan y terminan las prendas de vestir. La Organización de Trabajo (OIT) define a la “tercerización” como “una relación de trabajo triangular que involucra a un trabajador que presta servicios en una empresa, pero que no es trabajador de dicha empresa sino de una sociedad exterior, ya sea una agencia de trabajo temporal, un contratista o una cooperativa de trabajo asociado”.

La muerte de Ramos suma un total de nueve fallecimientos en talleres clandestinos desde 2006 hasta la fecha. El primer incendio ocurrió en el barrio de Caballito en Luis Viale entre Fragata Sarmiento y Paysandú donde fallecieron cinco niños y una mujer embarazada, mientras que en 2015 en el barrio de Flores en Páez y Terrada perdieron la vida dos niños. Ambos casos fueron producto de incendios debido a las malas instalaciones del lugar.

Taller 2

¿Cuáles son las leyes nacionales que intentan detener el trabajo esclavo en los talleres clandestinos? Hoy en día, en la Argentina rigen las leyes del Trabajo a Domicilio (Nº 12.713), la Sanción a la Trata de Personas y Asistencias a sus Victimas (Nº26.842) y la ley de Prohibición del Trabajo Infantil y Protección Adolescente (Nº26.390). La primera sanciona a aquellos talleristas que promuevan el trabajo en la vivienda del obrero haciendo partícipes a miembros de su familia, en el establecimiento del talleristas donde llevan a cabo acciones por cuenta ajena para un tercero o en establecimientos de beneficiencia, la segunda norma establece las condiciones mínimas que les brinda a que,las personas en situación de trata tales como la manutención, alojamiento o asistencia psicológica, higiene o capacitaciones laborales, entre otras. Por último, la tercer norma busca proteger a aquellos niños o adolescentes que hayan sufrido explotación laboral por parte de un tercero.

Sin embargo, esto no es suficiente para Facundo Lugo, miembro de La Alameda, quien explicó que la finalidad de la fundación “no es solamente denunciar [marcas de ropa], sino que se generen más políticas públicas”. Para tal objetivo detalló que se apoyan en los organismos gubernamentales impositivos, penales y administrativos formando un equipo de trabajo que trate la temática de manera integral. La organización se vincula con el sector de migraciones por los extranjeros, con la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) por la evasión de impuestos, la Defensoría del Pueblo, con la PROTEX porque inicia procesos judiciales y con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). También trabajan en conjunto con el Ministerio de Trabajo (en la Provincia de Buenos Aires) y con la Subsecretaria de Trabajo Porteño (en Capital Federal) dado que controlan los trabajos registrados y no registrados, así como también con la Oficina de Acompáñame yo y Rescate a la Victima de Trata.  Aunque una de las soluciones para detener la explotación laboral dentro de la industria textil sea la generación de políticas públicas, él también destaca otra posibilidad: los allanamientos. No obstante si bien son varios  los organismos con los que trabaja la organización, Lugo destacó que “desde el momento en que se realiza la denuncia hasta que se abre una causa o un expediente, pasan muchos meses” y agrega que muchas veces el taller sigue funcionando. ¿Qué responsabilidad le cabe a la justicia si se demoran varios meses antes de resolver situaciones puntuales de una problemática tan visible?, reflexionó.

Si bien la organización busca generar nuevas acciones regulatorias para detener la explotación laboral, no brinda una contención social a las victimas. En palabras del miembro de La Alameda, esto se debe principalmente a que “la contención social debería ser función del Estado y  no de las organizaciones sociales”.

En lo que refiere a las responsabilidades de las marcas involucradas, Lugo estableció cuál sería la mejor forma de combatir este flagelo que no solo se dan nuestro país sino en el  resto del mundo. ¿Por qué una realidad escandalosa no para de aparecer, a sabiendas de la afectación a los derechos humanos más elementales en pleno siglo XXI? ¿Cómo es posible que exista una esclavitud moderna como esta cuando hay controles institucionales establecidos? Las leyes sobre protección integral o las defensoras del pueblo, parecieran no bastar. Una justicia lenta e ineficiente destaca la labor desinteresada de las organizaciones sociales que se han puesto al hombro los derechos humanos de este colectivo no visibilizado por el todo social. Una justicia lenta e ineficiente.

Del otro lado, las grandes empresas que se aprovechan de esta reducción a la servidumbre logran eludir sus responsabilidades echando mano a las figura de la tercerizacion donde los propietarios de los talleres son subcontratados por un tercero y que resultan ser de la misma nacionalidad que los trabajadores  explotados.

Esta trama delincuencial se retroalimenta con instituciones policiales, con la justicia y consumidores indiferentes a esta problemática. Como refiere Lieutier, en las sociedades modernas los hábitos de consumo suelen repetirse globalmente. “La sociedad, que pese  a enterarse de esta realidad, continúa  comprando  mercaderías a estas empresas en lugar de condenarlas con su actitud de consumidor responsable”, sentenció el economista.

En conclusión,  las intervenciones de las organizaciones sociales tales como La Alameda promueven diversas modificaciones dentro del sector productivo textil. “La marca Soho que antes se sostenía por medio de talleres clandestinos, hoy en día es una cooperativa de trabajo gracias a las denuncias y allanamientos realizados en su momento”, explicó Lugo. Esta marca de ropa es pionera en la conquista de la erradicación y transformación del trabajo esclavo en trabajo legal y respetuoso de los derechos humanos.

Lourdes Etchebehere

 

 

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